Malas tentaciones

Nunca fui la dulce niña de tus ojos ni la mejor barca del mar

Todos los 28 de abril, además de cantarte feliz cumpleaños tengo que darte las gracias. Ya sabes por qué.

Deseo que pases un día perfecto.

¡¡Mil besazos y hoy, 30 millones de felicidades!! 

Es mucho más difícil juzgarse a sí mismo que juzgar a los otros. Si consigues juzgarte rectamente es que eres un verdadero sabio.
El principito

Casi siempre es mejor juntos que uno solo. 

Un vídeo genial.

¿Algún día…?

¿Algún día…?

(vía morkss)

Sé que es tarde y que la vida es un tren que, por estúpida, he vuelto a perder…

Si estoy loca. Malú.

marabc:


Bienvenido, adelante. Mira, porque nada escucharás. Es el silencio plagado de palabras que no suenan. Es un eco sordo y mudo. Nada se oye desde este pasaje hasta lo desconocido. Estás frente a él, por la vía que tú mismo elegiste.  Te dijeron, te contaron, te prometieron que por aquí encontrarías voces para divertirte, compartir, aprender; para sacar a pasear a los fantasmas que se empeñaban en sentarse a tu lado. Cantos de sirenas del último siglo. Te arrastraron, te empujaron, te incitaron a crear palabras con tus dedos sobre el teclado y convertirlas en otro silencio más, uno dentro de un todo inmenso, del laberinto en la red. Verás sus hilos como calles desde donde parten y se multiplican infinitamente los anhelos de tantos y los deseos insatisfechos de la mayoría.  
Avanza y lee. Tus ojos serán tus pies, el camino se abrirá con tu mirada. Detente en esta esquina, gira por la avenida, pasea hasta aquel callejón. 
Verás palabras de solitarios por elección, ególatras enamorados de su nombre, amas de casa hartas y amos de casa resignados, aspirantes a genios, parados con su esperanza a rastras, casados con la rutina, abandonados de otra vida y poetas colgados de las estrellas. Sus palabras enredan amores reales o ficticios, que sólo hablan de ellos mismos, pero todos quieren ser oídos. Quieren tu agradecimiento a gritos. Dar poco, pedir mucho: los sinceros sin suerte, los mentirosos adoradores de su propia falsedad escorados desde la barandilla, los que venden en cada esquina y nada compran en la gran plaza. Los que pretenden la fama, apostados junto a la fuente, mientras desprecian a los que beben de sus palabras. Los mesías de este siglo, ladrones habituales y envidiosos profesionales, los que triunfan o eso creen. Los que dejaron algún murmullo que aún resuena antes de marcharse. Nada consiguieron –calmar su sed, una caricia para su ego, un tesoro propio- y se escondieron bajo la oscuridad de las farolas rotas. 
Lee, mira. Cada vez hay más palabras, pero significan menos. Flotan fueran, en su atmósfera irreal; pocas se adentran hacia las entrañas. El inmenso silencio se autoalimenta y vive de diálogos vacíos y preguntas sin respuesta. Tantos cruces para vernos, tantas vías para encontrarnos y cada vez menos que decirnos. 
El tiempo también arrasó el laberinto de la red, pasaron los días y las estaciones y aparecieron sus daños. El viento gélido de la indiferencia, la lluvia que dejó charcos turbios de lodo y malentendidos; el sol abrasador que secó sentimientos. 
Sólo si miras hacia aquel rincón, detrás de las palabras, verás un pedazo de acera donde aún brillan luces y resuenan algunas risas. Hay un voluntarioso corazón en medio de la carretera comprometido con su denuncia, un corrillo de compañeros que cuchichean cómplices en torno a su propio silencio. Junto al banco del parque, brota tímida la inocencia de la primera vez, se ve la forma de un cariño vestido de paréntesis, un amigo frente a la estatua de la soledad, el pedestal de un agradecimiento auténtico, el recuerdo presente de lo eterno pintado en aquella pared… 
Deja de verte y mira a través del silencio. Verás que no todo está dicho. Abre los ojos y lee con el corazón, porque aún hay mucho que descifrar en este laberinto, mucho que debe ser comprendido y querido. Alto y claro. 

marabc:

Bienvenido, adelante. Mira, porque nada escucharás. Es el silencio plagado de palabras que no suenan. Es un eco sordo y mudo. Nada se oye desde este pasaje hasta lo desconocido. Estás frente a él, por la vía que tú mismo elegiste.  Te dijeron, te contaron, te prometieron que por aquí encontrarías voces para divertirte, compartir, aprender; para sacar a pasear a los fantasmas que se empeñaban en sentarse a tu lado. Cantos de sirenas del último siglo. Te arrastraron, te empujaron, te incitaron a crear palabras con tus dedos sobre el teclado y convertirlas en otro silencio más, uno dentro de un todo inmenso, del laberinto en la red. Verás sus hilos como calles desde donde parten y se multiplican infinitamente los anhelos de tantos y los deseos insatisfechos de la mayoría.  

Avanza y lee. Tus ojos serán tus pies, el camino se abrirá con tu mirada. Detente en esta esquina, gira por la avenida, pasea hasta aquel callejón.

Verás palabras de solitarios por elección, ególatras enamorados de su nombre, amas de casa hartas y amos de casa resignados, aspirantes a genios, parados con su esperanza a rastras, casados con la rutina, abandonados de otra vida y poetas colgados de las estrellas. Sus palabras enredan amores reales o ficticios, que sólo hablan de ellos mismos, pero todos quieren ser oídos. Quieren tu agradecimiento a gritos. Dar poco, pedir mucho: los sinceros sin suerte, los mentirosos adoradores de su propia falsedad escorados desde la barandilla, los que venden en cada esquina y nada compran en la gran plaza. Los que pretenden la fama, apostados junto a la fuente, mientras desprecian a los que beben de sus palabras. Los mesías de este siglo, ladrones habituales y envidiosos profesionales, los que triunfan o eso creen. Los que dejaron algún murmullo que aún resuena antes de marcharse. Nada consiguieron –calmar su sed, una caricia para su ego, un tesoro propio- y se escondieron bajo la oscuridad de las farolas rotas.

Lee, mira. Cada vez hay más palabras, pero significan menos. Flotan fueran, en su atmósfera irreal; pocas se adentran hacia las entrañas. El inmenso silencio se autoalimenta y vive de diálogos vacíos y preguntas sin respuesta. Tantos cruces para vernos, tantas vías para encontrarnos y cada vez menos que decirnos.

El tiempo también arrasó el laberinto de la red, pasaron los días y las estaciones y aparecieron sus daños. El viento gélido de la indiferencia, la lluvia que dejó charcos turbios de lodo y malentendidos; el sol abrasador que secó sentimientos.

Sólo si miras hacia aquel rincón, detrás de las palabras, verás un pedazo de acera donde aún brillan luces y resuenan algunas risas. Hay un voluntarioso corazón en medio de la carretera comprometido con su denuncia, un corrillo de compañeros que cuchichean cómplices en torno a su propio silencio. Junto al banco del parque, brota tímida la inocencia de la primera vez, se ve la forma de un cariño vestido de paréntesis, un amigo frente a la estatua de la soledad, el pedestal de un agradecimiento auténtico, el recuerdo presente de lo eterno pintado en aquella pared…

Deja de verte y mira a través del silencio. Verás que no todo está dicho. Abre los ojos y lee con el corazón, porque aún hay mucho que descifrar en este laberinto, mucho que debe ser comprendido y querido. Alto y claro. 

Aprendimos a mirar con la duda entre los dedos y a tientas.

Descubrimos que al final, las palabras que no existen nos pueden salvar.

Probé a saltar sin red ni hogar.

No sé volver. No sé hacia dónde ni con quién.

Siembro minas en mi cuerpo y pólvora en la sien.

Rey sol, dime cómo arder.

Rey SolVetusta Morla.